El riddim es dubstep con todo lo prescindible arrancado. Queda un patrón de bajo corto, la batería a medio tiempo y la decisión de repetir eso hasta que deje de parecer una canción y empiece a parecer una máquina. Media escena lo adora. La otra media usa la palabra como insulto.
Esa pelea no es entre gente de afuera y gente de adentro. Es entre bassheads y lleva casi una década.
Lo que sí se puede es explicar cómo está armado, porque es más deliberado de lo que suena de pasada. Un track de riddim corre con un solo sonido de bajo: corto, seco, con el filtro medio cerrado, algo entre un ladrido y una vocal. Ese timbre no cambia en toda la canción. Cambia dónde cae y qué nota agarra. Alrededor, un bombo, una caja en el tercer tiempo, un hi-hat y nada más.
El truco está en el patrón. En vez de partir el compás en pares lo parte en grupos de tres, así que el bajo entra siempre antes de donde la cabeza lo espera. Repetido cuatro veces suena raro. Repetido cuarenta te acomoda el cuello y ya estás haciendo headbang sin haber decidido nada.
De dónde salió esto
Antes de 2010
La rama seca del dubstep
En el catálogo londinense temprano ya había tracks que vivían de un patrón de bajo repetido y poco más. La palabra viene de Jamaica: en el reggae y el dancehall, un riddim es la base instrumental que después usan diez cantantes distintos. Esa idea llegó al dubstep por la vía del dub.
Mitad de los 2010
La plantilla queda fija
Aparece la fórmula que hoy reconoce cualquiera: tresillos, un solo sonido de bajo y un drop que suena casi igual que el resto del track. Ahí deja de ser una manera de producir dubstep y pasa a tener nombre propio.
Final de los 2010
Se lo llevó internet
El formato calzó perfecto con los canales de YouTube y las cuentas de SoundCloud dedicadas a bajos: tracks de tres minutos, portada con monstruo, publicación semanal. Alguien terminaba algo un martes en su cuarto y el jueves sonaba en un carro del otro lado del mundo, sin radio ni prensa de por medio.
Hoy
Ya no es una sola cosa
Se abrió en ramas: unas más lentas y pesadas, otras casi de caricatura, otras pegadas al metal. El chiste de afuera es que todo suena igual. Puesto un track detrás de otro en un set, la diferencia entre productores se oye clarísima.
Cómo reconocerlo en tres segundos
No hace falta oreja entrenada. Cinco detalles y ya sabés dónde estás parado.
El mismo sonido de bajo toda la canción. Si a los treinta segundos ya le tenés el timbre y no aparece otro, es riddim.
Cojea a propósito. El patrón va en grupos de tres, así que nunca cae parejo contra el bombo.
El drop no se anuncia. Nada de barrido largo ni silencio dramático. Entró y ya estabas adentro.
Arriba no hay casi nada. Sin cuerdas, sin pads, sin voz. El aire queda vacío a propósito.
A los tres minutos estás donde empezaste. Eso no es descuido, es el género.
Riddim en Costa Rica, sin inventarnos nada
No tenemos datos duros del país y no los vamos a fabricar para llenar una página.
Lo que vemos: en las noches de bajos que hay acá, el riddim aparece en tandas cortas adentro de sets que tocan varias cosas. Rara vez alguien anuncia una fiesta entera de esto.
También se asoma en el sondeo. Entre los nombres de artista que manda el 53 % que pide dubstep hay productores de riddim con cierta regularidad. No son mayoría, pero ya no nos sorprende verlos.
Y algo que no cambia entre géneros acá: el público del bajo maneja. Si el set vale, la carretera deja de ser argumento.
En nuestra noche
Esto se pregunta seguido, así que va derecho. El cartel son bajos experimentales y dubstep, nada más. Qué se asoma adentro de ese marco lo resuelve quien esté mezclando, no nosotros. Nadie te va a prometer media hora de riddim a las dos de la mañana para que te metás a una lista.
Lo que sí está decidido: dos escenarios, de 12 p. m. a 3 a. m., tope de 500 personas y las carpas entre los árboles. Si un DJ suelta veinte minutos de esto, el terreno aguanta. Y si producís riddim, la convocatoria de artistas sigue abierta y no filtra por subgénero.
Escribir un loop que aguante ocho minutos de gente parada cuesta más de lo que suena.
Dudas que nos llegan por WhatsApp
¿El riddim es dubstep o es otra cosa?
Es dubstep. Mismo tempo, misma batería a medio tiempo, el mismo hueco en la mitad del compás. Lo que lo separa es cuánto decidió sacar. Cuando alguien dice que no es dubstep, casi siempre está diciendo que no le gusta.
¿Por qué todo suena tan parecido?
Porque la plantilla es angosta a propósito, como en el punk de tres acordes. Adentro de ese marco los productores compiten por el ataque del bajo, el swing del patrón y cuánto silencio dejan entre golpe y golpe. En un sistema grande esas diferencias se oyen. En la bocina del celular, ninguna.
¿Cansa escuchar esto muchas horas seguidas?
Sí, y por eso casi nadie arma una noche completa de puro riddim. Funciona como tramo: media hora donde la pista se pone bruta y después el set se abre a otra cosa. Si venís de afuera, meterte en uno de esos tramos es la mejor manera de entenderlo.
¿Hay productores ticos haciendo riddim?
Hay ticos metidos en bajos y algunos jalan para ese lado. Para este festival, mirá el lineup anunciado; que un artista aparezca no promete un set dedicado de riddim. Mandar material no fija pago ni cupo.
El resto del mapa queda al lado. El bajo experimental hace justo lo contrario que el riddim, el trap corre al mismo reloj que el dubstep y a poco más, y el bass house monta este mismo diseño de bajo sobre un bombo parejo. Si querés empezar por el principio, ahí está qué es el dubstep, y los números del sondeo completos en dubstep en Costa Rica. Las entradas ya están a la venta. Elegí tu noche y comprá entradas para La Selva del Bajo en The Park at Ocean Ranch.